Hablo de los dinosaurios,
y centrándome aun más en el tema, hablo de los videojuegos de dinosaurios.
Los creadores de aventuras digitales se estrujan la neurona para crear
razas alienígenas o criaturas muy mal humoradas, con ansia de conquista,
crean mundo alternativos con flora y fauna autóctona totalmente imaginaria
y olvidan que hace miles de millones de años, existió una especie
que, en su día, podría haber pateado el culo de todos esos seres infectos
llegados de mundos lejanos.
Sí amigos, un dinosaurio motivado
destrozaría a cualquier personaje de videojuego (incluso a Van Damme
en sus mejores tiempos) si se lo propusiera y sin embargo, son los
grandes olvidados de la industria del videojuego. No entiendo el porqué.
No lo entenderé nunca. Posen unas cualidades harto envidiables como
son: tener escamas, ser gigantes y producir imponentes sonidos guturales.
No obstante, parecen ser los descartados en todos los castings en los
que buscan malos para videojuegos.
Ahora es cuando viene el típico
listillo y dice: “Pero sí que hay videojuegos de dinosaurios”.
A lo que yo respondo: “¿A si? LISTO” ¿cuántos?” Los podríamos
contar con los dedos de las manos. Eso no es suficiente. ¿Qué pensaríais
si solo hubiera 8 juegos de machacar alienígenas? ¿O 5 de acribillar
Nazis? Son muy pocos ¿verdad? Solo contando la proporción de Nazis
acribillados en la historia de los videojuegos y comparándola con la
de dinosaurios virtuales, quedarían a 1.000.000 Nazis por cada pata
de dinosaurio. Vergonzoso.
La nostalgia se apodera de
mi corazón cuando recuerdo los buenos ratos con Trespasser. Qué innovador
fue. Incluso Turok y su niebla me parecieron entrañables en la “prehistórica”
N64. Por suerte, ahora vuelve esta saga y la alegría me ilumina la
cara de nuevo. Turok está a la vuelta de la esquina. No me importará
demasiado si realmente no es el mejor Shot’em up. Salen dinosaurios
¿no? Suficiente